¡Minuto a minuto del NUEVO CULIACANAZO de MÉXICO! | C.J.N.G.
México volvió a despertar con el sonido que nadie quiere escuchar: disparos lejanos, sirenas que se multiplican y carreteras convertidas en líneas de fuego. Todo comenzó cuando se confirmó la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como el Mencho, líder histórico del CJNG, y en cuestión de minutos la reacción fue inmediata, brutal y calculada.
La primera señal llegó con los llamados narcobloqueos. Camiones atravesados, tráileres incendiados y carreteras cerradas con fuego; en distintos puntos del occidente del país comenzaron a circular videos grabados por conductores atrapados entre el humo mientras hombres armados obligaban a abandonar los vehículos.
Después vino el efecto dominó.
En Puerto Vallarta los vuelos comenzaron a cancelarse mientras turistas grababan columnas negras elevándose en el horizonte, confundidos, algunos refugiándose en hoteles mientras las autoridades pedían permanecer bajo resguardo y evitar cualquier traslado innecesario.
Las cifras empezaron a llegar una tras otra, cada vez más inquietantes. En menos de un día se reportaron al menos 85 bloqueos ligados al cartel en diferentes puntos del país, además de más de 70 detenidos en siete estados, una jornada que dejó decenas de muertos entre presuntos sicarios y fuerzas de seguridad.
Entre ellos, 25 elementos de la Guardia Nacional.
El mensaje de las autoridades fue inmediato: reconocimiento público y pésame a las familias de los agentes caídos, mientras insistían en que las operaciones continuarían hasta recuperar el control de las zonas afectadas.

Pero del otro lado, el cartel también enviaba su propio mensaje.
Según reportes difundidos durante la jornada, un operador identificado como el Tuli habría ofrecido recompensas de hasta 20 mil pesos por cada militar asesinado, una señal clara de que el caos no era improvisado sino parte de una reacción organizada.
Horas después fue localizado.
Y abatido mientras intentaba escapar.
Mientras tanto, en el mundo digital la batalla también estaba en marcha. Videos de supuestos enfrentamientos, audios alarmistas y alertas sin confirmar comenzaron a circular a velocidad vertiginosa, generando pánico en ciudades que ni siquiera estaban bajo ataque.
Las autoridades confirmaron más tarde que parte de ese material había sido fabricado o amplificado deliberadamente para inflar el miedo colectivo y proyectar la sensación de que el Estado había perdido el control.
Una guerra también psicológica.
El entonces secretario de seguridad Omar García Harfuch anunció que ya se habían identificado varias cuentas responsables de difundir ese contenido y que se investigaría si estaban vinculadas directamente con el crimen organizado.
En las calles, sin embargo, el impacto era real.
Gasolineras atacadas, comercios cerrados de emergencia y sucursales del Banco del Bienestar con daños tras la jornada de violencia; la empresa FEMSA reportó más de 200 incidentes en tiendas Oxxo y estaciones de servicio, principalmente en regiones de Michoacán.
Las imágenes comenzaron a inundar internet.
Carreteras desiertas, humo sobre los cerros y familias encerradas esperando que la noche pasara.
Uno de los videos que más impactó fue grabado frente a la presidencia municipal de Jilotepec, donde un ataque armado quedó registrado en plena vía pública mientras vecinos observaban desde las ventanas sin entender si aquello era un enfrentamiento aislado o el inicio de algo mucho mayor.
Porque mientras el gobierno insistía en que la situación se estaba estabilizando, dentro del mundo criminal ya se hablaba de la siguiente etapa.
El CJNG necesitaba un nuevo jefe.
Los reportes de inteligencia mencionaban entonces a Abraham Jesús Ambriz Cano, alias el Yogurt, como posible figura emergente para asumir el mando de la organización tras la caída del Mencho, una transición que, de confirmarse, podría marcar el comienzo de una nueva guerra interna y externa.

Una guerra por el control.
Y por la herencia criminal.
La historia reciente de México demuestra que cuando un líder cae, el vacío de poder rara vez significa el final de la violencia; al contrario, suele abrir la puerta a disputas internas, fracturas y nuevos enfrentamientos entre grupos que buscan ocupar el trono.
Eso ya ocurrió antes.
Y muchos temen que vuelva a ocurrir ahora.
Las autoridades aseguran que el operativo ha sido un golpe histórico contra una de las organizaciones criminales más poderosas del continente, pero las imágenes de carreteras ardiendo y ciudades paralizadas recuerdan que cada golpe contra un cartel también tiene consecuencias inmediatas.
Consecuencias que se sienten en las calles.
En los negocios cerrados.
En las familias que escuchan disparos a lo lejos.
¿Estamos ante el inicio de un nuevo capítulo en la guerra contra el narcotráfico en México?
¿O ante el nacimiento de algo todavía más peligroso?
Porque si algo ha demostrado la historia del crimen organizado en el país es que cuando un imperio cae, otro intenta levantarse entre las sombras.
Y esta vez, todo indica que la historia apenas comienza.