234 cue.r.pos en la autopista: ¿Por qué el CJ.N.G arriesgó todo por recuperar el cadáver de El Mencho?
Un cadáver sellado dentro de un vehículo blindado, un convoy militar avanzando en silencio por la autopista federal en plena noche y, pocas horas después, el asfalto cubierto de casquillos y cuerpos.
Lo que estremeció a México no fue solo la cifra de 234 sicarios abatidos, sino la pregunta que quedó flotando en el aire: ¿qué llevó al CJNG a lanzar una ofensiva casi suicida únicamente para recuperar el cuerpo de su líder fundador?
La noche del domingo 22 de febrero de 2026, un convoy del Ejército mexicano partió desde Tapalpa, en el estado de Jalisco, con el cadáver de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, rumbo a instalaciones forenses en la Ciudad de México.

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La escolta inicial estaba compuesta por tres vehículos blindados y alrededor de 30 soldados. El traslado se programó durante la noche para reducir riesgos. Sin embargo, la reacción del Cartel Jalisco Nueva Generación superó cualquier previsión.
Alrededor de las 19:30 horas, en un tramo solitario de la autopista entre Guadalajara y la capital, francotiradores abrieron fuego desde posiciones elevadas.
El primer objetivo fueron las llantas y los motores para inmovilizar el convoy. En cuestión de minutos, tres camiones bloquearon la vía por delante y por detrás. Más de 40 camionetas con hombres armados irrumpieron desde distintos puntos, cerrando el cerco.
Fuentes de seguridad estiman que el CJNG movilizó a unos 300 sicarios provenientes de distintas células en Jalisco y estados vecinos.
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Portaban fusiles de asalto, ametralladoras pesadas y al menos 15 lanzagranadas. La intensidad del fuego fue descrita como la de un enfrentamiento bélico.
Uno de los vehículos blindados quedó seriamente dañado, obligando a los soldados a concentrarse en las dos unidades restantes para proteger el cuerpo.
Durante los primeros 15 minutos, la ventaja parecía inclinarse hacia los atacantes. El volumen de disparos prácticamente aisló al convoy.
Sin embargo, cerca de las 20:00 horas, dos helicópteros artillados del Ejército aparecieron en el cielo. La intervención aérea cambió el curso del combate. Los sicarios se vieron forzados a dispersarse para evitar ser detectados y neutralizados desde el aire.

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Al mismo tiempo, unos 40 efectivos de refuerzo llegaron por tierra desde la retaguardia, formando una pinza. El enfrentamiento se prolongó por más de una hora. Hacia las 20:40 horas, el último grupo de resistencia del cartel fue abatido.
El saldo fue devastador. Según los reportes preliminares, 234 sicarios murieron y 38 fueron detenidos.
Se aseguraron o destruyeron 47 vehículos y un arsenal compuesto por 180 fusiles de asalto, 23 ametralladoras pesadas y 15 lanzagranadas. Del lado militar, siete soldados perdieron la vida y 16 resultaron heridos.
Más allá del resultado táctico, el fondo del episodio revela motivaciones complejas. Analistas señalan tres razones principales detrás de la decisión del CJNG. La primera es el valor simbólico del cadáver.
El Mencho no era solo un jefe operativo, sino el emblema de poder y cohesión interna del cartel. Permitir que el cuerpo quedara en manos del gobierno podría interpretarse como una humillación y un golpe moral para la organización.
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La segunda razón gira en torno a rumores sobre información sensible. Versiones no confirmadas sugieren que El Mencho podría haber portado dispositivos de almacenamiento con datos estratégicos o documentos clave al momento de su muerte.
Aunque no existe confirmación oficial, la sola posibilidad habría bastado para precipitar la ofensiva.
La tercera razón es el desafío abierto al Estado. En un momento de transición y posible disputa interna por el liderazgo, una operación de alto impacto podría haber buscado demostrar que el CJNG conservaba capacidad de movilización masiva y poder de fuego.
Sin embargo, el resultado expone señales de desorganización y desesperación. De acuerdo con fuentes cercanas a la investigación, la decisión de emboscar el convoy se tomó en menos de dos horas tras conocerse la muerte del líder.

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La rapidez con la que se organizó la ofensiva sugiere una reacción impulsiva más que una estrategia calculada.
Especialistas en seguridad advierten que, en estructuras criminales de gran escala, la etapa posterior a la muerte de un líder suele estar marcada por tensiones internas.
Una acción de esta magnitud podría reflejar intentos de ciertos grupos por afirmar control y legitimidad ante la base operativa.
Tras el enfrentamiento, el convoy fue reforzado hasta contar con 80 soldados y continuó su trayecto. El cadáver llegó a la Ciudad de México alrededor de las 2:00 de la madrugada del lunes.
Las autoridades iniciaron los procedimientos de autopsia y verificación plena de identidad bajo estrictas medidas de seguridad.
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En el lugar de la emboscada quedaron vehículos calcinados y una carretera marcada por la violencia. Para el gobierno, el operativo representó una victoria táctica contundente.
Pero en términos estratégicos, el episodio revela hasta qué punto el CJNG está dispuesto a escalar la confrontación en el escenario posterior a la muerte de su fundador.
La batalla en la autopista no fue solo un intento por recuperar un cuerpo. Fue una demostración de poder, una reacción ante la pérdida de un símbolo y, al mismo tiempo, una señal de fragilidad interna.
Los 234 abatidos no solo representan una cifra histórica. Podrían ser el preludio de una etapa aún más incierta en la estructura y el futuro del CJNG.