📢LO QUE NADIE VIÓ EN HOMENAJE A MIGUEL URIBE ! TRAS LA VISITA DE SU ESPOSA AL PARQUE EL GOLFITO !
Del lugar de la tragedia al mensaje político: el homenaje a Miguel Uribe y la controvertida decisión de su familia
Hay lugares que la historia recuerda por las victorias, y otros que quedan marcados para siempre por la pérdida. El parque El Golfito, en el barrio Modelia (localidad de Fontibón), ha sido mencionado durante meses como una herida abierta en la memoria colectiva. Sin embargo, exactamente un mes después de la muerte de Miguel Uribe, su familia regresó a ese mismo sitio —no solo para rendirle homenaje, sino para lanzar un mensaje que no dejó indiferente a la opinión pública: la tragedia no será el punto final.
Redefinir un escenario del dolor

Alrededor de las 9:20 de la mañana del 11 de septiembre, familiares, amigos y simpatizantes de Miguel Uribe se reunieron en el parque El Golfito, el lugar donde ocurrió el ataque el 7 de junio. Para muchos, ese espacio está inevitablemente asociado con la violencia y el miedo. Pero para la viuda y el padre de Miguel, regresar no significaba reabrir la herida, sino intentar “redefinir” el sentido de ese lugar.
No quieren que El Golfito sea recordado únicamente como el escenario de un atentado. La familia busca transformar la memoria de Miguel en un símbolo, un “faro” de esperanza, de seguridad y de la convicción de que la violencia no puede apropiarse del futuro.
Los rostros en la primera línea del dolor
En el acto estuvieron presentes Miguel Uribe Londoño, padre del fallecido; Delia Jaramillo, esposa de Uribe Londoño, a quien Miguel consideraba como su madre; María Claudia Tarazona, viuda de Miguel, junto a una de sus hijas. No hubo ostentación ni gestos grandilocuentes, pero el ambiente estaba cargado de emoción.
La multitud se congregó exactamente en el punto donde se escucharon los disparos fatales, guardando silencio mientras se sucedían las intervenciones. La voz del padre fue descrita como “quebrada por la emoción”, a veces ahogada, a veces temblorosa, como si cada palabra tuviera que atravesar capas de recuerdos dolorosos para poder ser pronunciada.
Un “último adiós” que conmueve
Un detalle del video compartido durante el homenaje tocó profundamente a muchos. No se trataba de imágenes de violencia, sino de un instante cotidiano, tan simple como devastador.
Antes de salir de casa el 7 de junio, Miguel se despidió de su familia con una frase habitual: “Nos vemos luego, vamos a comer pizza”. Una promesa común, cargada del calor de la vida familiar. Nadie podía imaginar que sería una despedida definitiva.
El contraste entre la normalidad de esas palabras y el desenlace trágico es lo que les otorga un peso emocional particular. Recuerda que la violencia no solo arrebata vidas, sino que interrumpe planes sencillos, alegrías pequeñas que parecían garantizadas.
Un vacío imposible de llenar

En los discursos, el dolor de quienes quedaron no se expresó con retórica melodramática, sino a través de imágenes concretas. La ausencia de Miguel no es solo una pérdida para su familia, sino un vacío en la vida de su pequeño hijo Alejandro, un niño que “nunca volverá a jugar con su padre”.
Ese es el legado más cruel de la violencia: generaciones que crecen con el recuerdo de un ser querido que solo existe en relatos y fotografías.
Un giro político nacido de la pérdida personal
Sin embargo, el homenaje no se limitó a mirar al pasado. Un elemento nuevo y polémico fue revelado: el traspaso de una responsabilidad política dentro de la familia Uribe.
Miguel Uribe Londoño, el padre, fue mencionado como “precandidato” del partido Centro Democrático. Según lo expresado, ha decidido asumir “la bandera política de su hijo”, continuar el camino que Miguel dejó inconcluso. Para sus seguidores, se trata de un acto de valentía que transforma el dolor personal en impulso político. Para las voces críticas, esta decisión abre el debate sobre los límites entre el homenaje y la instrumentalización política de la tragedia.
Aun así, el mensaje fue claro: la familia Uribe no quiere que la tragedia se traduzca en silencio. Eligieron enfrentarla, seguir adelante y participar en la lucha que consideran necesaria contra la violencia y la división.
Cuando la memoria se convierte en llamado
El acto en El Golfito concluyó en silencio, pero su eco continúa resonando. Desde un parque asociado con la violencia, la familia de Miguel Uribe intentó convertir ese espacio en un lugar de memoria, responsabilidad y elección.
Un mes después de la muerte (según el escenario planteado) de Miguel, el homenaje fue más que una despedida: fue un llamado. La memoria puede doler, pero también puede convertirse en la fuerza que impulse el cambio de la realidad. Y es en esa frontera frágil donde la historia de la familia Uribe sigue captando la atención de la opinión pública.